Su castillo estaba ubicado en el tope de una hermosa montaña, pero para llegar allí, de un lado del camino había un enorme barranco. Muchos habían caído y jamás habían sido encontrados.
Ahora necesitaba encontrar un sustituto tan bueno o mejor que el que tenía.
Pasó la voz y llegó el día de seleccionar al nuevo chofer.
La prueba sería pasar lo más rápido que pudieran por el lado del precipicio.
A la prueba llegaron muy buenos choferes, así que, difícil sería seleccionar al mejor.
De pronto llegó el último que esperaban, y cuando el chofer comenzó la marcha lo más rápido que podía, se pudo ver que tenía gran potencial, sin embargo, comenzó a alejarse lo más que pudo del barranco. El Rey indignado le gritó “pero, ¿qué haces? ¿Cómo sabré la habilidad que tienes si pasas tan lejos del barranco?”
El hombre sonrió y dijo “usted no quiere solo un buen chofer, usted necesita uno que lo cuide y lo mantenga lejos del peligro. ¡Y ese soy YO!”
Moraleja:
No es mejor quien resuelve sus problemas, si no el que los evita. Ahí está la diferencia entre el inteligente y el sabio.
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