Monday, November 14, 2011

La Carreta


Caminaba con mi padre, cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó: “Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?”

Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí: “Estoy escuchando el ruido de una carreta...”

“Eso es” - dijo mi padre - “es una carreta vacía”.

Pregunté a mi padre: “¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la vemos?”

Mi padre respondió: “Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por el ruido. Cuánto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace”.

Me convertí en adulto y hasta hoy, cuando noto a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y haciendo ver menos a otras personas, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo:

“Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace”.


La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas. Recuerden que existen personas tan pobres que lo único que tienen es dinero. Nadie está más vacío, que aquel que está lleno del ‘Yo mismo’.

Monday, September 19, 2011

¿Quién dobló tu paracaídas?


Carlos, era piloto de un bombardero en la guerra de Malvinas.

Después de muchas misiones de combate, un día su avión fue derribado por un misil. Carlos se lanzó en paracaídas, fue capturado y llevado a una prisión.

A su regreso a Argentina, daba conferencias relatando su odisea, y lo que aprendió en la prisión.

Un día estaba en un restaurante y un hombre lo saludó diciendo:

"Hola, ¿usted es Carlos, piloto en Malvinas y lo derribaron verdad?"

"Y usted, ¿cómo sabe eso?" - le preguntó Carlos.

"Porque yo doblaba su paracaídas. Parece que le funcionó ¿verdad?"

Carlos casi se ahogó de sorpresa y con mucha gratitud le respondió:

"Claro que funcionó, y si no hubiera funcionado, hoy yo no estaría aquí."

Esa noche estando solo, Carlos no pudo dormir, meditando:

Se preguntaba “¿Cuántas veces vi en la base a ese hombre y nunca le dije buenos días, yo un arrogante piloto y él un humilde marinero?"

Pensó también en las horas que ese marinero pasó en las entrañas del hangar enrollando los hilos de seda de cada paracaídas, teniendo en sus manos la vida de alguien que no conocía.

Ahora, Carlos comienza sus conferencias preguntándole a su audiencia:


"¿Quién dobló hoy tu paracaídas?"


Todos tenemos a alguien cuyo trabajo es importante para que nosotros podamos salir adelante. Cada uno de nosotros necesita muchos paracaídas en el día: uno físico, uno emocional, uno mental y hasta uno espiritual.

A veces, en los desafíos que la vida nos lanza a diario, perdemos de vista lo que es verdaderamente importante y las personas que nos salvan en el momento oportuno sin que se los pidamos. Dejamos de saludar, de dar las gracias, de felicitar a alguien, o aunque sea, decir algo amable sólo porque sí.

Hoy, esta semana, este año, cada día, haz lo posible de darte cuenta quién dobla tu paracaídas, y agradécelo.

Aunque no tengas nada importante que decir, envía este texto a quien o a quienes alguna vez lo hicieron. También mándalo a quienes todavía no lo han hecho. Las personas a tu alrededor notarán ese gesto, y te lo devolverán “doblando tu paracaídas” con ese mismo afecto.


Todos necesitamos de todos, por eso demuéstrales tu agradecimiento.


A veces las cosas más importantes de la vida solo requieren de acciones sencillas; una llamada, una sonrisa, un gracias, un Te Quiero, un Te Amo...

Sunday, August 14, 2011

El chofer del Rey

El rey estaba muy preocupado. El chofer de su carruaje acababa de mudarse a otro país.

Su castillo estaba ubicado en el tope de una hermosa montaña, pero para llegar allí, de un lado del camino había un enorme barranco. Muchos habían caído y jamás habían sido encontrados.

Ahora necesitaba encontrar un sustituto tan bueno o mejor que el que tenía.

Pasó la voz y llegó el día de seleccionar al nuevo chofer.

La prueba sería pasar lo más rápido que pudieran por el lado del precipicio.

A la prueba llegaron muy buenos choferes, así que, difícil sería seleccionar al mejor.

De pronto llegó el último que esperaban, y cuando el chofer comenzó la marcha lo más rápido que podía, se pudo ver que tenía gran potencial, sin embargo, comenzó a alejarse lo más que pudo del barranco. El Rey indignado le gritó “pero, ¿qué haces? ¿Cómo sabré la habilidad que tienes si pasas tan lejos del barranco?”

El hombre sonrió y dijo “usted no quiere solo un buen chofer, usted necesita uno que lo cuide y lo mantenga lejos del peligro. ¡Y ese soy YO!”


Moraleja:


No es mejor quien resuelve sus problemas, si no el que los evita. Ahí está la diferencia entre el inteligente y el sabio.

Monday, August 1, 2011

Cómo Mantenerse Fresco


Los japoneses siempre han gustado del pescado fresco. Pero las aguas cercanas a Japón no han tenido muchos peces por décadas.

Así que para alimentar a la población japonesa, los barcos pesqueros fueron fabricados más grandes para ir mar adentro.

Mientras más lejos iban los pescadores, más era el tiempo que les tomaba regresar a entregar el pescado.

Si el viaje tomaba varios días, el pescado ya no estaba fresco.

Para resolver el problema, las compañías instalaron congeladores en los barcos pesqueros.

Así podían pescar y poner los pescados en los congeladores.

Sin embargo, los japoneses pudieron percibir la diferencia entre el pescado congelado y el fresco y no les gustaba el congelado; por lo tanto, tenían que venderlo más barato. 

Las compañías instalaron entonces en los barcos tanques para los peces.

Podían así pescar los peces, meterlos en los tanques y mantenerlos vivos hasta llegar a la costa.

Pero después de un tiempo los peces dejaban de moverse en el tanque. Estaban aburridos y cansados, aunque vivos.

Los consumidores japoneses también notaron la diferencia del sabor porque cuando los peces dejan de moverse por días, pierden el sabor fresco...

Y ¿cómo resolvieron el problema las compañías japonesas?, ¿cómo consiguieron traer pescado con sabor de pescado fresco?


Si las compañías japonesas te pidieran asesoría, ¿qué les recomendarías?, Y ¿cómo resolvieron el problema las compañías japonesas?, ¿cómo consiguieron traer pescado con sabor de pescado fresco?


(Mientras piensas en la solución... Lee lo que sigue):

Tan pronto una persona alcanza sus metas, tales como empezar una nueva empresa, pagar sus deudas, encontrar una pareja maravillosa, o lo que sea, empieza a perder la pasión. Ya no necesitará esforzarse tanto. Así que solo se relaja.

Experimentan el mismo problema que las personas que se ganan la lotería, o el de quienes heredan mucho dinero y nunca maduran.

Como el problema de los pescadores japoneses, la solución es sencilla y se resume en esta frase:

Las personas prosperan más cuando hay desafíos en su medio ambiente.


Para mantener el sabor fresco de los peces, las compañías pesqueras ponen a los peces dentro de los tanques en los botes, pero ahora ponen también ¡un Tiburón pequeño!

Claro que el tiburón se come algunos peces, pero los demás llegan muy, pero muy vivos. ¡Los peces son desafiados! Tienen que nadar durante todo el trayecto dentro del tanque, para mantenerse vivos.

Cuando alcances tus metas proponte otras mayores. Nunca debes crear el éxito para luego acostarte en él.


Así que, invita un “tiburón a tu tanque”, y descubre que tan lejos realmente puedes.

Unos cuantos “tiburones” te harán conocer tu potencial, que no te asusten sus “dientes ni sus trampas”...tu sigue alerta, pero siempre "fresco".

Siempre habrá tiburones a donde vayas.

Estamos todos en el mismo sitio, donde siempre tendremos dificultades y ellas serán bienvenidas si las sabemos mirar como las oportunidades para encontrar nuevos caminos, para escuchar otras opiniones, para aprender nuevas maneras de ver la VIDA, para fortalecer nuestro espíritu y sacar lo mejor de nosotros mismos.

Monday, July 25, 2011

Dos Lobos


Un anciano, líder de una tribu, charlaba todas las noches con sus nietos, acerca de la vida.

Un día les dijo:

"Una gran pelea está ocurriendo dentro de mi... es entre dos lobos".

UNO de los lobos es…

el resentimiento,
la inferioridad,
el miedo,
la maldad,
la avaricia,
la mentira,
el egoísmo,
la envidia,
el rencor,
la culpa,
el dolor,
la ira,

El otro lobo, es…

la paz,
el amor,
la bondad,
la alegría,
la gratitud,
la sencillez,
la esperanza,
la serenidad,
la humildad,
la compasión
la sinceridad,
la misericordia,
la generosidad,

Y después agregó:

“Esta misma pelea está ocurriendo dentro de ustedes y dentro de todos los seres humanos.”

Los niños pensaron por unos instantes y uno de ellos preguntó a su abuelo:

- “¿Y cuál de los lobos crees que ganará?"

El viejo respondió simplemente...

- “El que alimentes”...

Monday, June 6, 2011

Un Pajarito



Estaba sentado con mi padre en el parque leyendo desprevenido una revista cuando mi padre me dijo:

- ¿Qué es eso?
- Un pájaro - le dije y continué leyendo.

Momentos después mi padre vuelve a preguntarme:

- Oh, ¿qué es eso?
- Te lo acabo de decir papá, es un pájaro - le contesté.

Mi padre insistió momentos después con la misma pregunta:

- Y, ¿qué es eso?
- Un pájaro papá, ¡UN PÁJARO!, ¡UN PA-JA-RO!!!! - ya muy molesto por la pregunta insistente
- ¿Qué es eso? - nuevamente me preguntaba.
- Pero, pero, ¿por qué haces eso?, ya te dije varias veces que es un pájaro, no lo consigues entender - le grité malhumorado.

Al decir estas palabras, mi padre se levanta de la banca con su mirada baja.

- ¿A dónde vas? - le grité.

El solo levanta su mano indicándome que esperara y entra a la casa, me quedé solo pensando en aquella situación y momentos después regresó mi padre con un diario en su mano, se sentó junto a mí entregándome el diario abierto y me dice:

- Lee aquí, y en voz alta y eso hice:

- "Hoy mi hijo, con 3 añitos de edad, estaba sentado conmigo en el parque cuando un pájaro se acercó a nosotros. Me preguntó 21 veces qué era eso y yo le respondí 21 veces, ¡¡¡Un pajarito, hijo!!! Lo abracé cada vez que me hacía la misma pregunta, una vez tras otra, sintiendo un gran amor por mi muchachito".

Cerré el diario, y al mirar a mi padre lo vi sonriendo, tal vez transportado hacia ese momento. Me sentí tan mal por lo que había ocurrido momentos atrás que solo lo besé y lo abracé con gran fuerza.

¿Qué había hecho? ¿Había olvidado el gran amor que sentía hacia él? Espero nunca más olvidarlo.

Tuesday, May 17, 2011

Los Clavos


Había un niño que tenía muy mal carácter.

Un día su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la calma debía clavar un clavo en la cerca de atrás de la casa.

El primer día el niño clavó 17 clavos en la cerca...

Pero poco a poco fue calmándose porque descubrió que era mucho más fácil controlar su carácter que clavar los clavos en la cerca.

Finalmente llegó el día cuando el muchacho no perdió la calma y se lo dijo a su padre quien entonces le sugirió que por cada día que controlara su carácter debía sacar un clavo de la cerca.

Los días pasaron y el joven pudo finalmente decirle a su padre que ya había sacado todos los clavos de la cerca...

Entonces, el padre llevó de la mano a su hijo a la cerca de atrás...

"Mira hijo, has hecho bien... pero fíjate en todos los agujeros que quedaron en la cerca... Ya la cerca nunca será la misma de antes..."

Cuando dices o haces cosas con coraje, dejas cicatrices, como los agujeros en la cerca...
Es como meterle un cuchillo a alguien, que aunque lo vuelvas a sacar, la herida ya quedó hecha...
No importa cuántas veces pidas perdón, la herida queda allí... y una herida física es igual de grave que una herida verbal... o escrita...

Monday, April 4, 2011

Esos Pequeños Detalles

Llegué a casa esa noche mientras mi esposa servía la cena, la tomé de la mano y le dije: "tengo algo que decirte". Solo se sentó a comer en silencio. Yo podía observar el dolor en sus ojos.

De pronto ya no sabía cómo abrir mi boca. Pero tenía que decirle lo que pensaba. "Quiero el divorcio"... le dije lo más suave que pude.

Mis palabras parecieron no molestarle. Al contrario, muy tranquilamente me preguntó, "¿por qué?".

Evité su pregunta con mi silencio, pero eso le hizo enfurecer. Tiró los utensilios y me gritó, "¡no pareces hombre!"

Esa noche, ya no hablamos más. Ella lloraba en silencio. Yo sabía que quería saber que le había pasado a nuestro matrimonio, pero yo no hubiera podido darle una respuesta satisfactoria. Mi corazón ahora le pertenecía a Eloísa. Ya no amaba a mi esposa, sólo me daba lástima.

Con un gran sentido de culpa redacté un acuerdo de divorcio en el que le daba nuestra casa, nuestro auto y un 30% de las acciones de mi empresa.

Después de leerlo ella lo rompió en pedazos. La mujer que había estado diez años de su vida conmigo ahora era una extraña. Me sentí mal por todo ese tiempo y energía que desperdició conmigo. Todo eso que yo nunca le podría reponer. Pero ahora ya no había marcha atrás, yo amaba a Eloísa.

Por fin mi esposa soltó el llanto frente a mí, eso era lo que yo esperaba desde el principio. Verla llorar me tranquilizaba un poco, ya que la idea del divorcio que me preocupaba tanto ahora era más clara que nunca.

Al siguiente día, llegué a casa muy tarde y ella estaba en la mesa escribiendo algo. Yo no había cenado, había pasado un día muy intenso con Eloísa y tenía más sueño que hambre y mejor me retiré a dormir.

Desperté en la madrugada, ella todavía estaba escribiendo. La verdad no me importó y sólo me acomodé de nuevo en la cama y seguí durmiendo.

En la mañana me presentó sus condiciones para aceptar divorciarse: No quería nada de mí, pero necesitaba un mes antes de firmar el divorcio, me pidió que en ese mes tratáramos de vivir una vida lo más normal posible. Sus razones eran simples: nuestro hijo tenía unos exámenes muy importantes en este mes y no lo quería mortificar con la noticia del matrimonio frustrado de sus padres.

Esto era algo en lo que yo también estaba de acuerdo. Pero había más, me pidió que me acordara como la cargué el día de nuestra boda.

Quería que cada día de ese mes, la cargara de nuestro cuarto hasta la puerta de la casa... pensé que se estaba volviendo loca. Pero decidí aceptar este raro requisito con tal de que este mes pasara sin más peleas o malos momentos.

Le platiqué a Eloísa de las condiciones que puso mi esposa... se rió bastante... y pensó que era muy absurdo. Dijo en tono burlón: "no importa los trucos que se invente, tiene que aceptar la realidad, que se van a divorciar".

Desde que le expresé mis intensiones de divorcio, mi esposa y yo no teníamos ningún contacto íntimo. El primer día que la cargué se me hizo un poco difícil. Nuestro hijo nos vio y aplaudió de felicidad al vernos y dijo "papá me da gusto que quieras mucho a mi mamá". Sus palabras me causaron un poco de dolor. Desde nuestra habitación hasta la puerta de enfrente camine como diez metros con ella en mis brazos. Ella cerró sus ojos y me dijo al oído que no le dijera al niño del divorcio. Me sentí muy incómodo, la bajé y ella caminó a tomar el autobús para ir a trabajar. Yo manejé sólo a mi trabajo.

El segundo día fue un poco más fácil. Ella se recargó ligeramente en mi pecho. Podía oler la fragancia de su blusa. Me di cuenta que desde hace tiempo no le había puesto mucha atención a esta mujer. Me dí cuenta que ya no era tan joven, había un poco de arrugas en su cara, su pelo ya mostraba canas. Ese era el precio de nuestro matrimonio. Por un minuto me pregunté que si yo era el responsable de esto.

A el cuarto día, cuando la cargué. Sentí que regresaba un poco de intimidad. Esta era la mujer que me había dado diez años de su vida.

El quinto y sexto día, me di cuenta que el sentimiento crecía otra vez. No le platiqué nada de esto a Eloísa. Conforme los días pasaban se me hacía más fácil cargarla. Quizás el ejercicio de hacerlo me estaba haciendo más fuerte.

Una mañana la vi que estaba buscando un vestido para ponerse, pero no encontraba nada que le quedaba. Sólo suspiró y dijo "todos mis vestidos me quedan grandes". Es ahí donde me di cuenta que por eso se me hacía muy fácil cargarla. Estaba perdiendo mucho peso, estaba muy, muy delgada.

De repente entendí la razón... estaba sumergida en tanto dolor y amargura en su corazón. Inconscientemente le toqué la frente.

Nuestro hijo entró en ese momento y dijo "papá es tiempo que cargues a mamá". El ver a su papá cargar a su mamá todos los días se le había hecho costumbre. Mi esposa le dio un fuerte abrazo. Yo mejor miré hacia otro lado por temor a que esta conmovedora imagen me hiciera cambiar de planes. Entonces la cargué, y empecé a caminar hacia la puerta, su mano acarició mi cuello, y yo la apreté fuerte con mis brazos, justo como el día que nos casamos.

Pero su estado físico me causó tristeza. Ese día, cuando la cargué sentí que no me podía ni mover. Nuestro hijo ya se había ido a la escuela. La abrasé fuerte y le dije "nunca me di cuenta que a nuestra vida le hacía falta algo así".

Me fui a trabajar... salté fuera de mi auto sin poner llave a la puerta. Temía que cualquier momento podría cambiar de opinión... subí las escaleras, Eloísa abrió la puerta y le dije "lo siento mucho pero ya no me voy a divorciar".

No podía creer lo que le estaba diciendo, hasta me tocó la frente y me preguntó si tenía fiebre. Quité su mano de mi frente y le dije de nuevo "lo siento Eloísa, ya no me voy a divorciar. Mi matrimonio era muy aburrido porque ni ella ni yo supimos apreciar los pequeños detalles de nuestras vidas. No porque ya no nos amaramos. Ahora me doy cuenta que cuando nos casamos y la cargué por primera vez esa responsabilidad es mía hasta que la muerte nos separe".

Eloísa en este momento salió del shock y me dio una fuerte bofetada, y llorando cerró su puerta. Corriendo bajé las escaleras y me fui de ahí.

Paré en una florería, ordené un bonito ramo para mi esposa. La chica me preguntó que le ponía a la tarjeta. Sonreí y escribí "siempre te llevaré en mis brazos hasta que la muerte nos separe".

Esa noche cuando llegué a casa, con las flores en mis manos y una sonrisa en mi cara, subí a nuestro cuarto... sólo para encontrar a mi esposa en su cama... Muerta... Había callado la enfermedad que la consumía sin decirme nada...

:(

Los pequeños detalles es lo que de verdad importa en una relación. No la mansión, el carro, propiedades o dinero en el banco. Estos crean un falso sentido de felicidad que no lo es todo. Mejor encuentra tiempo para ser el amigo de la persona que está a tu lado, y tómense todo el tiempo necesario con esos pequeños detalles que hacen la diferencia...

Wednesday, March 2, 2011

La sequía

Hubo una vez una prolongada sequía. Pasaban los días y no llovía.

Ante tal situación muchos creyentes marcharon a la iglesia para hablar con el sacerdote:

- ¿Qué tenemos que hacer para que Dios nos envíe lluvia? – dijeron todos.

- Hijos, solo hay que pedírselo con mucha fe - contestó el sacerdote. 

- Bien, pues, así lo haremos, y vendremos a Misa todos los días.

El pueblo entero comenzó a ir a Misa todos los días, pero las semanas transcurrían y la esperada lluvia no llegaba.

Un día fueron algunos a enfrentar al sacerdote para reclamarle: 

- Pero, usted nos dijo que si le pedíamos con fe a Dios, Él nos iba a enviar lluvia. Van varias semanas y ni una sola gota.

- Hijos míos, ¿han pedido ustedes con fe verdadera? 

- ¡Sí, por supuesto! - respondieron al unísono. 

- Entonces, si ustedes han pedido con fe verdadera... ¿por qué durante todos estos días ni uno solo de ustedes ha traído el paraguas?

Monday, February 7, 2011

El Envase y Las Piedras

Un sabio profesor fue contratado para dictar un taller sobre manejo del tiempo a un grupo de dirigentes de varias importantes compañías internacionales. Al entrar al salón inmediatamente dice:

"Vamos a realizar un experimento."

Sobre la mesa había un gran envase de vidrio y en una caja había una docena de piedras del tamaño de las pelotas de tenis. Delicadamente las colocó una por una dentro del envase, hasta llenarlo hasta borde. Era prácticamente imposible agregar otra piedra.

El profesor levantó lentamente sus ojos y mirando a sus estudiantes les pregunta:

"¿El envase está lleno?".

Todos respondieron: "Sí"

Esperó algunos segundos y dijo: "¿En serio?"

Buscó bajo la mesa un recipiente lleno de gravilla y delicadamente fue vaciando las piedrillas entre las piedras grandes, moviendo ligeramente de lado a lado el envase. La gravilla se fue infiltrando entre las piedras, cayendo poco a poco hasta el fondo y llenando el envase lo hasta el tope.

El viejo profesor levantó de nuevo sus ojos y mirando a su auditorio preguntó:

"Y ahora, ¿el envase está lleno?"

En esta oportunidad, sus alumnos comenzaron a entender el experimento. Uno de ellos respondió:

"¡Probablemente no!"

"¡Bien!" - respondió el profesor.

Nuevamente buscó bajo la mesa, esta vez un recipiente lleno de arena y con cuidado fue vertiendo la misma en el envase, la cual logró llenar los espacios entre las piedras y la gravilla.

Una vez más preguntó:

"Y ahora, ¿el envase está lleno?"

Esta vez, sin dudar todos respondieron a coro:

"¡No!"

"¡Muy bien!" - dijo el profesor.

Y tal como lo esperaban sus prestigiosos alumnos, tomó un recipiente con agua que estaba sobre la mesa y vertió el agua sobre el contenido hasta llenarlo hasta el borde.

El profesor levanta los ojos y mirando al grupo pregunta:

"¿Cuál es la gran realidad que nos ha demostrado este experimento?"

El más audaz de los alumnos, relacionando el experimento con el tema del curso, respondió:

"Esto demuestra que incluso cuando uno cree que nuestra agenda está completamente llena, si uno lo quiere verdaderamente, se pueden agregar más citas y más actividades."

"¡No!", - respondió el profesor - "No es eso. La gran realidad que nos demuestra este experimento es la siguiente: si uno no coloca las piedras grandes primero, no se podrán colocar luego las otras"...

Después de un profundo silencio, cada participante toma conciencia de lo evidente de este principio.

"¿Cuáles son las grandes piedras en tu vida? ¿La salud? ¿La familia? ¿Sus amigos? ¿Defender una causa? ¿Entretenerse?"

Si le das prioridad a las pequeñas piedras (o peor aún, a la arena o el agua), se llenará el envase de pequeñeces y no tendrás el suficiente tiempo para dedicarlo a las cosas verdaderamente importantes.

Monday, January 24, 2011

La luciérnaga y la serpiente

Cuenta una fábula que en cierta ocasión una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía muy rápido y llena de miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir en su intento de alcanzarla.

La luciérnaga pudo huir durante el primer día, pero la serpiente no desistía, dos días y nada, al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga detuvo su agitado vuelo y le dijo a la serpiente:

- ¿Puedo hacerte tres preguntas?

- No acostumbro conceder deseos a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar - respondió la serpiente.

- Entonces dime: ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

- ¡No! - contestó la serpiente.

- ¿Yo te hice algún mal?

- ¡No! - volvió a responder su cazadora.

- Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo?

- ¡Porque no soporto verte brillar! - fue la última respuesta de la serpiente.

Muchos de nosotros nos hemos visto envueltos en situaciones donde nos preguntamos: ¿Por qué me pasa esto si yo no he hecho nada malo? Sencillo... porque hay algunos(as) que no soportan verte brillar.

La "envidia" es uno de los peores sentimientos que alguien puede tener. Que envidien tus logros, tu éxito, etc., ¡que envidien verte brillar! es algo que verás en más de una ocasión, pero cuando esto pase, ¡no dejes de brillar!, continúa siendo tú mismo(a), sigue dando lo mejor de ti, sigue haciendo lo mejor, ¡sigue brillando… siempre habrá quien te apoye, porque tu huella permanecerá, porque el recuerdo de lo que fuiste e hiciste quedará, ¡pase lo que pase!

:)